Los Otomanos perfeccionaron el Hamam o baño turco que, al igual que los baños romanos, tenía diferentes habitaciones: Una sala grande llena de vapor caliente (caldarium), otra sala de vapor intermedio, salas para masaje, la sala templada para lavar con agua y jabón (o tepidarium) y un cuarto fresco para descansar o dormir la siesta (tal vez en un cubículo privado). Ellos agregaron salas de relajación donde acostumbraban a tomar después de cada baño Café o Té especiado, acompañados de una grata conversación, convirtiéndose en el lugar perfecto para encontrar la paz y relajación que todos necesitamos.

En la época otomana, los Hamams eran importantes centros sociales de discusión social, académica y política.

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